Finalizando mis estudios, en los últimos dos años de bachillerato, me fui dando cuenta que mucho de lo que me enseñaban en el liceo no concordaba con mis ideologías filosóficas, políticas ni religiosas. Lo que es peor, no tenía manera de nutrir aquellas vanas ideas que de la jerga me atraían, ya que mi menú educativo no contaba con la otra cara de la moneda. Por lo tanto, recurría a mi padre, con quien logré suplir aquellos espacios vacíos que no recibía en la educación.
Al finalizar un día de liceo, y un día de trabajo, nos juntábamos como toda relación padre – hijo a charlar, donde le contaba aquellos temas tratados últimamente en clase, le comentaba frases de mis educandos, métodos que aquéllos utilizaban, y los discutíamos.
Un día me di cuenta que mi padre no tenía ni idea de qué materias tenía, ni mucho menos de qué profesores me educaban; y ni hablar de qué formas tratábamos los temas en clase, ni mucho menos qué ideas alimentaban día a día mi cerebro. Sin duda no es bueno. Pero ¿cómo podría él saberlo si yo no se lo contaba? ¿Cómo saben los padres de qué manera son educados sus hijos?
Simplemente no lo saben. Algunos ni se preocupan, otros confían en modelos dorados de enseñanza decorados a medida, pero están también aquellos que no sólo envían a sus hijos a ser educados sino que también deben reeducarlos en casa.
No contamos con un sistema transparente que ponga todas las cartas sobre la mesa, que presente estadísticas y resultados sobre los métodos de educación que dicen brindar ni un sistema justo de calificaciones a los profesores y sus métodos educativos.
Por otro lado “es más fácil callar”, seguir la corriente y aceptar aquellos pésimos y poco profesionales métodos que utilizan la mayoría de los profesores de secundaria. ¿Qué me cuesta callar, hacer oídos sordos y copiar lo que el profesor dicta? ¿Qué logro al reclamar que me hagan pensar y no me den todo en la mano? Esos mensajes me transmitían mis compañeros cada vez que detectaba que de la manera en que me estaban “educando” no me servía para ser un ciudadano útil.
Es más, yo era un atrevido, incrédulo e irrespetuoso por cuestionar los métodos de educación que recibía, que de esa forma, era formado, capacitado y preparado para afrontar problemas del futuro, desenvolverme en la vida y ser alguien. Si no es para eso, ¿cuál es la función de un docente de secundaria? Que sea, al menos, intelectualmente superior, que sea un líder transmisor de valores, que detecte y apoye al fortalecimiento de los talentos y que brinde medios para el desarrollo de las virtudes de los alumnos, en fin, que eduque, forme, ayude y sea un guía.
¿Lo es dictando? ¿Lo es “cumpliendo con el plan”? ¿Es esa la educación que los padres desean para sus hijos?
El futuro está en los jóvenes del presente, y los jóvenes del presente debemos ser educados por profesores que hagan de ellos un mejor futuro, de lo contrario la sociedad estará perdida.
